Desconocido 1:
Al cabo de un par de meses de la muerte de sus abuelos, Jonás decidió hacer una visita a su antigua casa a ver si encontraba algo de mayor valor que su reciente herencia: una colección de muñecos hechos con plastilina.
Bajo la polvareda, en un armario, encontró una botella de whiskey, y según la etiqueta, era el mejor whiskey que iba a probar en su vida, de Tenesse y sesenta y cuatro años en barrica de roble. Se llenó un vaso… el calor que le apareció en el perineo despejaba cualquier duda: el mejor whiskey de su vida. Decidió entonces ir a darle las gracias a su abuelo por tan magnífica herencia escondida, así que se llenó otro vaso y cogió la pala.
Desconocido 2:
Jonás salió decidido de la casa y no tardó mucho en darse cuenta de que su coche estaba en llamas. Se cagó en Dios y corrió hacia él. Al cruzar el muro que separaba el jardín de la calle todo se apagó de golpe.
Unas horas después, despertó desnudo y atado a una camilla de hospital muy antigua y oxidada. Amittay, su padre, lo miraba a los ojos y de ellos se desprendía un brillo muy especial. El brillo que tienen aquellos que siempre se salen con la suya.
Desconocido 3:
-¡Oh, Jonás! Has sido un chico muy malo, ¿sabes?. Jamás deberías haber tocado la maldita botella, querido hijo. Los comunistas de mierda no merecéis las exquisiteces del capitalismo. Voy tener que castigarte, bastardo.
Entonces Amittay escupió sobre Jonás, dio un largo trago de la botella de aquel delicioso whiskey de Tenessee, y acto seguido la reventó contra el pecho descubierto de Jonás, quien ahora gritaba y maldecía debido al escozor causado por los recién abiertos cortes, que le hervían con el whisky derramado sobre él. Jonás noto que el whiskey estaba caliente. Entonces Amittay sacó uno de sus preciados puros, un Coto Robusto, y lo encendió con una cerilla que seguidamente decidió lanzar sobre Jonás. Amittay se marchó mientras Jonás se debatía en espasmos de dolor al verse flambeado como los chorizos al coñac que cocinaba su abuela.
Jonás perdió el conocimiento. Cuando lo recuperó, vio que la piel de su torso y de su brazo izquierdo, ahora liberados al quemarse las cuerdas que se los ataban, tenía una pinta realmente horrorosa. Se desató mientras se juraba a sí mismo que se la iba a hacer pagar a aquel maldito cabrón carlista.
Desconocido 4:
De pronto, un latigazo de dolor le sacudió el cuerpo. Vomitó todo lo que había ingerido a estribor y alguien aulló ultrajado. Se preguntó porqué tenía un compañero y porqué tenía un regusto a mantequilla pasada y a mierda pero algo más acudió rápidamente a su vista. No tenía piernas porque algún hijo de puta se las llevó, la mitad de su cuerpo era más semejante a un bote nocilla de dos colores que se hubiera dejado tres días al sol de verano y después se hubiera dejado secar a la sombra. Se giró y vió a un hombre mayor con una bata verde de una pieza salpicada de su supuesta comida, una especie de papilla marrón con tropezones. Pensó que realmente debía haber comido mierda.
Se dio cuenta de que la marcha se hacía más grande hasta que aquel viejo lanzó su cuña contra su cabeza, golpeándole violentamente y haciendo que meado, mierda y dientes cayeran por igual al suelo.
Desconocido 5:
Desde ese momento todo se volvió confuso. Todo olía a mierda, sangre y pollo asado. Notaba como todas las células de su cuerpo se habían independizado unas de las otras; estaba mareado, cansado, y casi sin conciencia. Estando en ese estado, pensó, el dolor se volvió una sombra, un pequeño recuerdo ahogado por esa sensación de flotación… Y empezó el movimiento, al principio apenas lo notó, el whisky, pensó. Cuando el movimiento so volvió más evidente se dió cuenta de que realmente se estaba moviendo. Alguien o algo le estaba arrastrando por el suelo. Sus ojos hinchados no le permitían ver apenas, pero logró vislumbrar a través de esa niebla narcótico-etílica que lo envolvía una pequeña figura. Parecía una niña… y olía a colonia de niña adolescente. Todo se iba volviendo más y más oscuro mientras era arrastrado,por lo que él creía que eran, unas escaleras. Al final el movimiento paró y los olores cambiaron completamente. Una dulce fragancia azucarada le rodeó los sentidos mientras notaba como unas manitas de ángel untaban algo sobre su cuerpo magullado. Incluso empezó a oír una especie de canto angelical. Estaba salvado…
Su aletargamiento se fue disipando y empezó a entender cada vez más lo que tenía a su alrededor… La figura de la niña fue definiendo cada vez más su contorno hasta tomar la forma de un payaso enano, con la cara completamente desfigurada por el crack y la viruela. El sonido angelical provenía de las cinco cabras que ese hijo de puta tenía encadenadas a escasos metros de dónde él estaba y estaban ansiosas mirandole fijamente. Se dió cuenta que tenía el cuerpo recubierto de miel y que no se podía mover. El enano se aceró a las cabras y las desencadenó… Y empezó el festín…
Desconocido 6:
Veinte minutos más tarde,a unas 43 millas de distancia, Amittay Rodrígues miraba un videoclip de Shakira por la MTV, con una mano oscilando dentro de sus calzoncillos y una sonrisa de oreja a oreja. El clip terminó pocos segundos antes que Amittay: pronto esas abundantes caderas quedaron sustituídas por las abundantes ojeras de Pete Doherty, y Amittay produjo daños irreversibles a su sexualidad. Desde ese momento sería el hombre que había eyaculado mirando fijamente a Pete Doherty. Pero contra todo pronóstico, no se enfadó. Desde que había prendido fuego al hijo de su mujer (nunca estuvo demasiado convencido de eso que la vasectomía pudiera fallar) nada podía aguarle la fiesta. Puso un canal al azar y salieron por la pantalla tres irlandeses borrachos dándose cuchilladas en un anuncio de whiskey. Amittay no pudo contener las carcajadas. Era feliz, y nada podía aguarle la fiesta.
Aunque claro, él no sabía que en ese preciso instante, a poco más de 40 millas de distancia, una misteriosa abominación rojiza de unos cuatro metros de altura formada por lo que un observador experto identificaría como los cuerpos ensangrentados de dos personas y cinco cabras avanzaba a través de los campos de algodón en línea recta, aproximadamente a 80 kilómetros por hora, desprendiendo un inquietante olor a alcanfor y arrasando todo a su paso. Ya había matado a dos granjeros blancos y a siete negros, y los testigos a los que la policia había podido tomar declaración estaban al borde del shock. El Padre Preston, cura local, había sido uno de los testigos. Tenía el color de cara de un cirio pascual y aun repetía nerviosamente: “Es el demonio… es Lucifer…”
Al contrario de lo que podía parecer, la primera y última decisión consciente que tomó ese diabólico gólem tras levantarse fue elegir una dirección al azar. Por caprichos del ídem, esa dirección pasaba por el comedor de los Rodrígues. Concretamente a través de la chimenea.
Desconocido 7:
Sobresaltado, abrió los ojos y miró al techo, con la ansiedad disipándose a cámara lenta de su cuerpo. Jonás se sentía inquieto. Se miró la piel para cerciorarse de que no habia sangre en ella. Se tocó las piernas y las pellizcó para asegurarse de que todavía las sentía y podía usarlas. Joder, todavía recordaba vívidamente como él, el enano y las cabras habían atravesado la pared de ladrillo de casa de Amittay. Ciertamente la venganza en el sueño había sido dulce, porque el tio chillaba como una cerda siendo degollada cuando las cabras le mordían las piernas y el enano y él le metían los dedos en el ojo. No podía recordar con claridad en cual.
No obstante, aquel había sido un sueño enfermizo. Él sabía que Amittay no era su padre, pero tampoco se llevaban tan mal en realidad y hacía tiempo que habían superado sus diferencias. De hecho, la noche anterior habían salido por ahí a tomar unas copas y habían decidido irse de putas, aunque la nube de alcohol hacía que no recordara gran cosa a partir de las dos. Se incorporó, se apoyó con las manos en la cama y notó que a su lado había un bulto envuelto en mantas.
Miró y vio el cuerpo peludo y algo mayor de Amittay. En la mesita reposaba el envoltorio de un condón anal, una botella de whiskey de su abuelo y una máscara con la cara de Pete Doherty. Y, con una ligera irritación en el trasero, Jonás supo que su mundo jamás volvería a ser el mismo.