Archivo de Abril de 2008

Trabajos Duros: Los Cortadores de Jamón

Miércoles, 30 de Abril de 2008

Si, queridos cabrones y cabronas (porque este no es un blog sexista. Aquí os odiamos a todos independientemente del sexo, religión, color del pelo del pene o tamaño del clítoris), hoy voy a hablaros de unas personas reales que desempeñan un papel primordial en nuestra sociedad: Los Cortadores de Jamón.

Jamon

Todos conoceis y habéis probado el jamón en alguna ocasión. De hecho, es más que probable que os guste. Si no, es que tenéis un gravísimo problema y os tendrán que encerrar en algún manicomio u hospital mental. Conozco una chica, novia de un buen amigo mio, a la qual no le gusta el tocino (la parte blanca, so incultos) del jamón y actualmente está en tratamiento con el Doctor Lee Harvey Oswald Junior, un doctor muy caro y muy bueno, con una gran estabilidad mental.

Como os decía, sabréis (porque os gusta el jamón) que el jamón cortado a mano es mil veces mas bueno que el cortado a máquina. Y aquí es donde entran los Cortadores de Jamón. Porque cortar el jamón puede hacerlo cualquiera, pero cortar el jamón bien es otro cantar muy distinto. Porque un jamón bien cortado a mano también sabe mejor que uno mal cortado a mano.

Jamon

El arte y la destreza de los Cortadores de Jamón no tiene rival. Se trata de una técnica secreta transmitida en susurros en oscuros calabozos donde se dejan secar los jamones y si hay algo que no todos los mortales conocen, es que los futuros Cortadores de Jamón deben pasar una iniciación dura, dolorsa y humillante, una iniciación donde se pone a prueba no solo su destreza, sino su temple y su entereza y también su humildad.

Así que ya sabéis, hijos de humano (que es el equivalente de los simios al “hijos de puta”), haced caso de mis palabras de forma ciega, como siempre os digo. Respetad a los Cortadores de Jamón porque su trabajo es noble y digno y porque además, si nunca cabreáis a un Cortador de Jamón, éste podría arrancaros la piel en forma de finisimas y muy bien cortadas lonchas mientras colgáis de un clavo del techo o estáis clavados a una jamonera.

Jamon

Quedáis advertidos.

A las putas hay que saber tratarlas

Martes, 29 de Abril de 2008

Estaba yo escuchando un magnífico tema de mi reserva de electropop noruego de última generación cuando me he topado de frente con un tarado conocido. Suelo mantener con él interesantes debates sobre como no debe ejecutarse una relación entre primates con capacidad para el razonamiento abstracto. Siempre pierdo, no vaya a ser que recupere la postura bípeda e intente copular conmigo.

Este ser tiene una pequeña mascota. Una puta de pequeñas proporciones, pero desproporcionados ojos y ego. Calientapollas clásica, aunque dudo mucho que no cuente con una importante faceta camwhore.

Desde un primer momento he toreado con soltura. No ha tardado en preguntar mi nombre. Se lo he escupido en la cara mientras proseguía con la otra conversación. Parecía dar por hecho que yo conocía el suyo, humorístico cuanto menos, pero cuando no he vuelto a dirigirle palabra se ha empezado a mosquear. A pesar de sus continuos intentos de llamar la atención he persistido estoico en mi postura. Me estaba divirtiendo un huevo.

- ¡Papá! dime que soy la más guapa del mundo… ¡no!, mejor dime que soy el centro del universo.
- Señora, no se que se refiere con lo de desatascarle los bajos.

Minutos después la inseparable mascota ha ejecutado un bail out de manual. Había fallado a pesar de mantener fija la mirada en la víctima. Cuantas horas de psicólogo por delante.

De morcilla va la cosa

Lunes, 28 de Abril de 2008

Viendo que últimamente tenemos tantas pseudohistorias causados por los viajes de los demás monos de la jaula, me dispongo ha narrarles una historia basado en echos reales.

Porque los hombres de verdad casi no se inventan las cosas.

Porque esta mañana, gracias a mi pereza por no haber echado gasolina al coche durante el fin de semana, y por haber fallado mi tirada de Palabrería contra mis progenitores (para que lo hicieron ellos, que entonces es pseudogratix), anoche decidí que hoy pondría el despertador 20 minutos antes.

Y ahí estaba yo, soñando con Anastasia Mayo, o eso creo, cuando ha sonado el despertador.

Porque ahí estaba yo, con el Caballero Mañanero, cuando ha sonado el despertador y me he dispuesto a miccionar. Esta mañana el CM se encontraba en lo que podemos llamar esado Flex. El estado Flex es cuando básicamente está empedrado pero flexa desde la base y puedes mear, también conocido como 2/3 o 66%.

Así, he miccionado y he vuelto a la habitación, a matar los cinco minutos para darle su tiempecito (solo a los yonkis y a los cardíacos se les baja de golpe).

Pero no. Hoy ha sido diferente. Ha sido una de esas mañanas en que pasan 10, 15, 25, 40 minutos y el tema sigue con su Flex. Así que por razones obvias, porque uno tiene que trabajar y tal, he decidido cambiarla de estado (lo que en términos de ciclos web se conoce como transición).

He vuelto al retrete y me he cascado una señora paja en honor de vosotros, todos nuestros lectores, mientras daba bocanadas de aire como una trucha agonizando en la orilla.

Luego, he desayunado mi bocadillo de tortilla de patatas con chorizo, mi tazón leche con nesquik (los médicos dicen que el colacao es malo para el cuerpo, como la droga barata como las setas) y sus Golden Graham Bells y mi vaso de zumo de naranja con zanahoria.

Saludos, escoria.

Bernie El cebolla

Domingo, 27 de Abril de 2008

Hoy es el turno de noche como cada día que paso en el bar de Gedeón. Yo trabajo en este bar desde hace mucho tiempo y es el mejor de la ciudad preparando perritos calientes y aros de cebolla. El viejo dice que si rebozara el carburador usado de una ranchera chevrolett del 73, la gente se lo comería. Hace los mejores perritos y hamburguesas de la ciudad, es verdad. Y también las patatas fritas.

Mucha gente se pregunta cuando viene aquí porqué el viejo Gedeón me llama cebolla. Bueno, a veces también me llama escoria amarilla o sucio mestizo, pero yo se que lo hace con cariño y casi nunca me atiza con la paleta de dar la vuelta a las hamburguesas cuando se llena de aceite hirviendo. Hay quien me ha dicho que debe ser por mi enorme masa encefálica, yo no se a que se refiere y le digo que me llaman “el cebolla” porque siempre me huelen las manos a cebolla. Siempre llevo una en el bolsillo porque mamá siempre me decía que lo mejor que te puede pasar en esta vida es llorar, siempre me lo decía cuando me pegaba con la puerta del frigorífico en la cabeza después de una noche larga de trabajo, siempre decía que le venía bien a ella y que por eso era bueno que yo llorara. Yo quería mucho a mi mamá. El abuelo Abraham decía que yo era escoria y que mi madre era una furcia, y que debería haber nacido desecho como todos los anteriores hijos de mi mamá. Mi mamá entoces se echaba a llorar y el abuelo me golpeaba con el cenicero de pie hasta que yo hacía lo mismo. Entonces no abrazábamos y llorar era bueno.

Mientras la gente entra y sale, miro a las chicas que me ignoran o pierden la sonrisa de golpe y me acuerdo de la prima Molly. Molly era muy guapa, todo el mundo lo decía, y era muy buena conmigo. Todos los veranos que volvía a Arkansas me llevaba al granero cuando nadie nos veía y se ponía encima mío mientras estábamos desnudos y me hacía sentir bien. Después se echaba a llorar y yo la abrazaba porque sabía que llorar es bueno. La prima Molly tenía una cobaya, una especie de rata muy grande y peluda que no roía todo lo que se encontraba, siempre se quedaba en la jaula que estaba en el comedor de casa de tío Jake. Un día la cobaya dejó de moverse y se quedó quieta por lo menos dos semanas hasta que volvió a moverse, y yo la cogí y fui corriendo a enseñársela a la prima Molly y cuando se la acerqué se le cayó un ojo y empezaron a salir gusanos. La prima Molly se asustó mucho y salió corriendo sin darse cuenta de que Rose Anne, la burra de mi tío Abraham estaba suelta. Rose Anne se sobresaltó cuando la prima Molly se tropezó, cayó al suelo y gritó, y le dió una coz en la cabeza y se oyó un crujido. Yo quería mucho a mi prima Molly y por eso lloré mucho. Por eso y porque tío Jake me golpeó hasta dejarme incosciente.

Así tuve que irme con mi primo Willbert a la gran ciudad. El primo Willbert era el más listo de la família, llegó a ser una importante persona en una empresa grande y llevaba un vestido de los domingos cada día junto con un maletín. Se fue de casa porque decía que olía a alhocol barato y a escorto. Su casa era muy grande. Al cabo de dos semanas, cuando le pregunté porque venían tantos niños. Me echó de casa porque decía que era una persona de mierda. Me tuve que apañar como pude y solo volví a saber de el al cabo de unos años cuando fui a visitarlo a la cárcel y me dijo: “Ya no lo soporto más, tienes que sacarme de aquí pedazo de mierdecilla amarilla. Me violan todas la noches, ¿lo entiendes? ¡Todas!” y luego se echó a llorar. Yo sabía que el primo Willbert era feliz porque estaba llorando. Al cabo de unas semanas me dijeron que se había suicidado y no entendí porque, le vi llorar. No entendía nada.

Mientras pelo cebollas siempre me acuerdo de gente, família y amigos que conocí, como Glenn, que siempre llevaba las bambas manchadas de sangre porque pateaba gatos y perros, como Karina, que todos los viernes se ponía una barra de hielo en la entrepierna porque decía que no lo aguantaba más, como mi madre, que decía que mi padre fue el hijo de puta amarillo con la polla más grande que había visto en su vida de ramera. Todos lloraban y me decían que era escoria pero yo sabía que era bueno, porque llorar te hace feliz y por eso corto cebollas en el bar del viejo Gedeón, porque ya no me hace falta que me pegen para llorar. Llorar es bueno y soy feliz.

Malabaristas de mierda

Viernes, 25 de Abril de 2008

Últimamente me he fijado que casi siempre que posteo es porque me siento muy indignado. Pero hoy es distinto. Hoy posteo porque ayer jueves por la tarde lloré de risa y me he levantado de muy buen humor. El último dia fue la indignación hacia la gente a la que le molan los piratas, hoy es el descojone y el despiporre hacia ese colectivo tan grande y buenrollero (en general) que son los hippies. Siempre hay una buena excusa para ejercer mi derecho a soplaros mi interesantísima vida!

Os cuento. Cuando sucedió yo estaba en la calle, salía de mi pequeño apartamento y me dirigía al Mercadona que hay a tres esquinas para comprar cuatro kilos de caviar Hacendado. Por el camino, pasé por delante de la plaza Sant Nicolau Pistoler de mi pueblo. Para que os hagáis una idea, la plaza está frente a un instituto público y, aunque no es demasiado grande, hay espacio suficiente para que quepan cuatro bancos (literalmente), una fuente de aguas turbias y enverdecidas, y aproximadamente unos 150m² de césped. En cuanto a sus habitantes, casi siempre hay abuelos sentados en los bancos mirando la obra de enfrente, niñas de 14 años hablando de lo bien que follan sus novios, alguna pareja ocasional haciendo un picnic al estilo tirolés y, muy pero que muy habitualmente, hippies fumando porros.

Ayer por la tarde era un día normal, así que ahí estaban los hippies con sus petardacos. Y, como suele pasar en estos casos, también estaban haciendo malabares. A los hippies les encantan los malabares, a pesar de que cuando tienes en la sangre una sustancia que empobrece sensiblemente tu capacidad de reacción tengas muchos más números de que te salgan como una mierda. El tipo que estaba haciendo los malabarismos era un tío alto, con una barba descuidada y una larga y sucia melena con sus correspondientes rastas. Llevaba una camiseta rota y unos pantalones de cuadros, probablemente de lino. En fin, hippie estándar. El tío estaba haciendo el mono (con perdón) con dos bolas atadas a sendas cuerdas, y sus amigos pasaban mazo de él. Típico.

Sea porque se sintió ignorado, o sea porque tenía ganas de pillar con alguna de sus amigas hippies (las cuales eran, supongo, mujeres normales, aunque recubiertas por una capa de piercings, mugre y vello corporal que ocultaban todo ápice de feminidad que pudieran poseer), al muy lumbreras se le ocurrió prenderle fuego a las bolas y repetir su actuación. Hecho esto, sus amigos ya no pasaban de él, ahora se ponían a animar (ellas) y a asentir lentamente con la cabeza (ellos). Inquietante, teniendo en cuenta que el sol todavía estaba alto en el cielo y el fueguecito de los cojones no impresionaba una mierda. Pero en fin, qué mas dará. Resignado a escribir un post incendiario (aquí iba a hacer un chiste pero se me han pasado las ganas) al llegar a casa, seguí andando hacia el supermercado.

Sin embargo, unos gritos de terror hicieron que me girara. La simple visión del pequeño drama que se estaba desarrollando en el parque hizo que estallara en carcajadas. No sé como cojones se lo había montado, pero la cabeza del hippie estaba en llamas, mientras el tipo corría de un lado al otro como un pollo decapitado. Su pelo grasiento prendió como la yesca y en pocos segundos parecía el Motorista Fantasma. Sus amigos lograron derribarle y empezaron a darle golpes en el tarro con una camiseta que había aparecido de la nada. Finalmente, el tipo se levantó, gritando como un poseso, y se lanzó de cabeza a dentro de la fuente. El tipo se golpeó la frente contra la estátua de Cupido con la picha fuera y el fuego se extinguió. Quiero creer que no se abrió la cabeza. Eso sí, sus largas rastas habían quedado reducidas a un afro de lo más dantesco, y tanto él como sus colegas me miraron con mala cara cuando se dieron cuenta que no podía parar de descojonarme de risa. Pero en fin, la gente no suele decirme nada porque soy negro y mido casi dos metros. Con lágrimas en los ojos y todavía riendo, volví tambaleándome hacia mi casa y no me acordé del caviar hasta que el Mercadona estuvo chapado. Putada.

Quería entrar más en el tema de los malabares en sí, pero en vistas de que se me ha hecho tarde lo voy a dejar para otro día. Recordad, no hagáis el subnormal con el fuego a menos que queráis que 11811 sea vuestro ídolo.

Una pequeña historia de amor (I)

Viernes, 25 de Abril de 2008

- ¡Me ha vuelto a pasar!

- No jodas.

- Se lo que ha fallado.

- ¿Estás bien?

- No, joder, la muy puta me arrancó un dedo del pie con sus fauces y me ha costado encontrar una puta toalla.

- ¡Joder Sean! No te queda otra esta vez, tendrás que ir a ver a Kalinske.

- Vale, coño, y ¿qué voy a hacer con la cría?

- Voy a buscaros al Sixers y haz el puto favor de no joderla más.

- ¡ME CAGO EN DIOS TOMMY!, he perdido el Georgia que me quedaba. ¿Cómo demostramos ahora que estaba adulterado? Voy a matar a la mierda esa de chino que nos lo pasa.

John Fox Jr., el que está en poder de la verdad (I)

Jueves, 24 de Abril de 2008

Ahora me parece que John Fox siempre estuvo allí. Él es el lugar donde todo empieza para mí, y sin él apenas sabría quien soy. Lo conocí antes de que supiera hablar, bebé en pañales gateando por la amarillenta hierba, y antes de que cumpliera los 12 años me regaló mi primera escopeta, una Winchester del 74.

En efecto, era el viejo del pueblo, siempre ha sido decrépito y olía mal, pero sólo yo lo conocía como realmente era, solamente a mí me había contado sus ideales, exclusivamente yo sería el sucesor de tales conocimientos y verdades absolutas.

Cuando apenas tenía conocimiento me dijo una frase, sólo una vez, y me quedó marcada en mente, de alguna forma que no alcanzo a conocer, y que me retumba dentro del cráneo cada vez que salgo de mi casa:

Existen humanos inferiores, si por algún momento te rebajas a su condición, pasarás a ser uno de ellos, y no sólo te expulsaré como aprendiz sino que rebentaré tus sesos con mi Winchester del 74.

Me contaba cómo eran las personas de mierda, me habló de gente sucia, sin moral alguna, de prostitutas con ETS, de ladrones, estafadores y demás escoria humana. Le pregunté por el Ku Klux Klan y llegué a casa con dos dientes menos y media cara sangrando. Sé que lo hizo por mi bien, y no volveré a insultarlo nunca más. Son simplemente anormales vistiendo túnicas con un cucurucho en la cabeza, como en las procesiones allá en Europa, y que quemaban cruces de nuestro Dios faltándole al respeto, odiando por odiar y matando por matar, sin hacer selecciones previas, ni estudiar la valía de cada hombre.

Me enseñó a tratar a las mujeres, a adorarlas sin dejarse dominar, a llevarlas amablemente al catre y cabalgarlas como si fuese el último día de nuestra existencia. Así conocí a Jessy, pero de eso hablaré otro día.

Un buen día me dió las llaves de su adosado y me dijo: << Hijo, ya lo sabes todo, ahora depende de tí, y sólo de tí que sepas aplicar bien los conocimientos.>>

Al día siguiente me enteré que se había metido bastante plomo en la cabeza en medio de una orgía con cuarenta féminas caucásicas, como los 40 días de Moisés. Desde ese día me dispuse a seguir sus pasos, Winchester del 74 en el hombro, botas de cuero en los pies y motor rugiendo en la carretera.

Aquí es donde empieza mi historia.- Me dije.

Aquellas amigas

Miércoles, 23 de Abril de 2008

Todos tenemos una de estas. Suelen ser antipáticas, cabezonas, mandonas y desagradables. No son feas, pero tampoco están buenas. Como pareja, siempre te imaginas que debe ser un puto infierno, siempre prohibiéndote hacer lo que quieres hacer, siempre impidiéndote quedar con los colegas y siempre controlando tu vida. No, definitivamente no querrías nunca una de esas como novia o mujer.

Pero luego llega ese momento en que te vas al baño porque no puedes mas, te sientas en la taza del water y empiezas a expulsar. Es ese momento en que notas un pedazo de carne caliente muy querido entre las piernas. Y te agarras el miembro porque, ya que estas en un momento de disfrute, te la vas a cascar como un campeón.

Y piensas en ella. Porque aunque sea desagradable, aunque te caiga mal, aunque no esté tan buena como Verónica, la puta de la clase, te da morbo. Le ves la cara de dominatrix y te la imaginas encima tuyo o debajo, da igual, pugnando por controlarte incluso en la cama. Te imaginas lo salvaje y sucio que tiene que ser el sexo con ella y te la pelas de forma igualmente salvaje.

A todos nos ha pasado alguna vez, no hay de que avergonzarse. Lo único que no debes hacer nunca, bajo ningún concepto, es tirártela si tienes la oportunidad. Ese tipo de chicas están ahí para que los hombres nos masturbemos pensando en ellas. Porque como son desagradables y antipáticas, merecen ser humilladas y es en nuestra imaginación donde podemos humillarlas mejor.

Y lo mejor de todo es cuando, después de salir del baño, quedas con los colegas y cuando la ves, sonries y piensas:

Pero que zorra eres, puta

El bueno de George

Miércoles, 23 de Abril de 2008

George era un tipo cualquiera, un don nadie. Vivía una vida tranquila como vendedor de flores en la floristería de su padre. Era un tipo sin aspiraciones en esta vida más allá de vender flores.

Por eso su mente aún no podía entender como se sentía atraído por ese bar…

George vivía en Kerens, Texas, y la floristería estaba en las afueras de Corsicana, así que todos los días tenía que coger la 31 para ir a trabajar. El “Blown up Pussies” siempre había estado allí. Azotándolo. Con sus camiones fuera y sus cristales oscuros. Ese sitio le daba miedo. George, toda su puta vida había sido un miedica, un cagado y ese bar le ponía la piel de gallina, por eso no comprendía como había tenido valor para cruzar el umbral…

Por dentro, ese tugurio era aún peor… Olía a perro mojado, estaba sucio y el humo y el ambiente cargado se trenzaban formando una danza mortal para los sentidos de George. Había tres personas en el local: un camarero viejo y obeso, con una pierna de madera y las uñas negras como el azabache, un hombre pequeño y enjuto bebiendo y la pequeña Daisy. George conocía a Daisy, era de Kerens. Habían ido juntos al instituto, pero ella no lo conoció. George había cambiado mucho; ya no era el pequeño Georgie, ese niño gordo…

George se sentó en una de las mesas del fondo del bar, pensando qué podía tomar que no le sentase mal antes del trabajo. Se le acercó el viejo:

- Hijo, has venido en un mal día, será mejor que te vayas.

- ¿Por qué? - pregunto George - Tan sólo quiero una soda y en cinco minutos me largo, amigo.

- Cinco minutos, no quiero que estés por aquí cuando los “Acid Dragons” entren por esa puerta. Limpiando y reparando mesas ya pierdo casi todo el día; no quiero tener que enterrar el cadáver de un lechuguino ignora-consejos.

George se bebió la soda. Miraba a Daisy y recordaba sus dulces días de instituto… Mierda, ¿por qué había acabado siendo un tipo de mierda? Apuró los últimos tragos de soda y se levantó… En ese mismo momento se abrió la puerta.

Tres tipos albinos, vestidos con cuero verde y con cara de haber matado a sus madres para violar sus cadáveres entraron en el local. El que parecía el cabecilla se acercó al viejo.

- ¡Vengo a buscar lo mío, viejo cabrón! - dijo la bestia albina.

- Daisy no está en venta, ya te lo dije. No me gustaría tener que matarte aquí mismo, hijo de la gran puta.

- Bien, viejo, tu te lo has buscado. ¡Amadeus! Prende fuego al local, quémalo todo, que se entere este hijo de perra lo que realmente cuesta meterse con los “Acid dragons”.

George era un miedica, por eso estaba asustado. Muy asustado. Y los animales asustados son peligrosos. Y George era ese tipo de personas que tienen una maldición encima: la gente los ignora. George desprendía una especie de aura de “soy una mierda, ignórame” que superaba todos los niveles.

George se levantó, aún no sabía bien por qué. Su padre, años antes le había regalado una bonita navaja suiza que le iba de perlas para cortar los tallos de las flores. Adoraba cortar tallos… le relajaba. Por eso se imaginó que los tres tipos altos eran tallos enormes esperando ser cortados por su navaja suiza.

Ninguno de los tres le vió venir. George nunca había pinchado a nadie, pero lo que hizo le pareció del todo natural, tan solo eran tallos. El albino llamado Amadeus fue el primero en caer, su riñón izquierdo estaba muy destrozado. El otro segundón cayó acto seguido golpeado por una botella de bourbon que el viejo le tiró.

El líder de la manada de “dragones albinos” fue el último en caer. Y cayó luchando. Le propinó una patada en la cara a George, pero George ya se había clavado pinchos de alguna flor anteriormente; y cuando esto pasaba siempre se enfadaba y acababa cortando el tallo entero con mucha mucha ira. Así actuó esta vez. Como si de una pequeña rosa se tratase, el cuello del bastardo blanco se abrió como una boca manchándolo todo de sangre. George se sentía liberado… Grande, alguien por una vez en la vida…

- Hijo… ¡Hijo! ¡Para ya!… ya están muertos -dijo el viejo- deja de cortar, que ya lo has manchado todo de sangre suficientemente.

- Lo siento, señor, yo ya me iba - dijo George como si no hubiese paasado nada - pero esa gente quería hacer daño a Daisy, y me pareció que iban en serio. Pero yo ya me iba

- Hijo, eres un puto demente. Pero nos has salvado la vida.

Daisy estaba sentada en el suelo, con los ojos llorosos, manchada de sangre hasta arriba. En su vida había visto morir a nadie. Hoy habían muerto tres tipos delante suyo. Pero eso no importaba. Ese tipo, George, el pequeño Georgie del instituto le había salvado la vida. Se levantó. Le dio una bofetada a George. Y le comió la boca.

- George, me has salvado la vida -dijo ella, limpiándole un poco las manchas de sangre de la cara a George.

- Supongo, creo…

- Georgie, llévame a casa, estoy cansada y quiero lavarme un poco. Y quiero que lo hagas conmigo.

- Pero padre se enfadará conmigo si no vuelvo a la tienda… Bueno, qué más da.

Y George cogió una de las flores de plástico de la mesa, manchadas completamente de sangre de Dragón albino, y se la regaló a Daisy. Se sentía bien. En un día, había matado a tres tipos duros, había sido un héroe y por fin estaría con una mujer. A la mierda las plantas de su padre. George era un gran tipo. Era el bueno de George.

Dedicado a todas las prostitutas que alguna vez han decidido no cobrarnos. Eso es amor.

Resumen de la Invasión Italiana de Francia, 1940.

Miércoles, 23 de Abril de 2008

Manual de cómo ser humillado por un país hundido e invadido, en menos de 6 semanas, por el noble Tercer Reich.

The Italian forces advanced only about 5 miles and were stopped in the vicinity of the town of Menton.

Roughly thirty-two Italian divisions were available (not all were employed) and they suffered over 5,000 casualties. The French had six divisions and they lost 8 men.

Al día siguiente Francia se rindió incondicionalmente al Reich.