“Otro más”, pensó El Viejo Tobias mientras veía pasar un motorista por la 167, camino a Arkansas. “Si me doy prisa, aun puedo alcanzarlo”.
Apretó el acelerador de su vieja Ford Ranger del 83 y aceleró, dejando tras de si una estela de humo negro y pequeñas explosiones por el tubo de escape. Bajó la ventanilla mientras recorría aquella vieja carretera que tan bien conocía. Eran muchos años ya de patrullaje y vigilancia continuada. Una vez bajada la ventanilla, sacó su vieja Winchester y pegó un grito.
“¡Corre, Corre, jodido drogadicto!”
El motorista aceleró y empezó a alejarse y Tobias hizo lo mismo. Sin embargo, su Ford Ranger estaba tan achacosa como él y pronto empezó a perder terreno frente a la moderna moto de 750cc de su presa. Maldijo a todos los dioses que hayan podido existir alguna vez y pensó que este sería el primero que se le iba a escapar en veinte años. Él, que había mantenido a Lillie, Louisiana, a salvo de drogadictos durante más de cincuenta años, hoy iba a perder.
Entonces resonó otra escopeta. El motorista no pudo ni reaccionar y casi ni se dio cuenta de la forma del chico que había a un lado de la carretera sosteniendo su escopeta. El Viejo Tobias se acercó frenando y se paró junto al chaval. Lo miró a través de la ventanilla abierta.
“Gracias chaval. Éste se iba a escapar, pero tu lo has detenido. Putos drogadictos que circulan por la carretera… Soy El Viejo Tobias, ¿Como te llamas tú?” - le preguntó
“Timothy, pero me llaman El Pequeño Timmy”
“Muy bien, Pequeño Timmy. ¿Puedo hacer algo por ti?”
“Me han echado de Marysville, donde vivía con mi padre hasta que murió. Voy hacia Texas a casa de mi Tío Tom. ¿Sabe por donde se va?”
El Viejo Tobias lo miró de arriba a abajo pensativo.
“Sube chaval, me has caído bien. Me hago viejo y ya no me necesitan aquí en Lillie. Te llevaré a Texas, tierra de oportunidades, y ésta será la última gran aventura del Viejo Tobias”
El Pequeño Timmy subió a la Ford Ranger del Viejo Tobias y ambos se encaminaron hacia Texas, hacia el Futuro. Y así empezó una leyenda…