En un día soleado como una mañana de 1986 al Norte de Ukrania, Ape América estaba entregado a sus oraciones matutinas al Gran Mono practicando un joga bonito contra el calvo cuando, desde su rama, avistó una pobre muchacha que parecía tener cara de tener un gran y engorroso problema. Recordó que la sabiduría de Él era partidaria de el amor al prójimo y la trata de blancas, y decidió acercarse a observar el problema y la oportunidad con más detalle. Se acercó por detrás y tras meditarlo mucho, alzó la voz y desechó sus instintos primarios.
- Dime muchacha, porqué tu alma gime de dolor cuando lo debería hacerlo de felicidad. Que pena te aflige que tu cara lamenta de esta manera.
La muchacha recibió estas palabras como una señal de sabiduría infinita y, sin poder contener ya su pena, arrancó a llorar, sabiendo que Él era partícipe de tal evento.
- ¡Oh, gran señor. He seguido los mandamientos del él y he donado mi cuerpo a la fornicación compulsiva entre especies pero pobre de mí, me he quedado embarazada y temo por mi vida ya que mi marido es en exceso celoso!
Ape America miró a la muchacha. Era una criatura de moral relajada y ligera de cascos, como toda hembra humana que se precie, pero también era verdad que su pareja tenía el derecho y la obligación de concederle un bautismo de hostias por aquellas acciones de manera justificada. Meditó un momento y entonces habló:
- Coge esta percha. En la soledad de tu dormitorio, cuando las demás criaturas duerman por la noche, acaba con el problema de tus acciones. - La muchacha agradecida, cogió el instrumento de salvación y se dirigió a su hogar.
Al cabo de un día, la muchacha volvió al árbol del profeta, donde Ape América se encontraba contando las ganancias de la venta de crack y subfusiles israelís. Éste la miró y descubrió que yacía aún más apenada en el pie del árbol.
- ¿Qué sucede muchacha?
- Temo por mi vida. Pues aunque lo métodos que me diste para acabar con mi problema eran justos, éste se resiste a abandonar mi vida.
Ape América no se esperaba aquel resultado. Viendo la gravedad del problema y el fervor de la muchacha se sintió conmovido y decidió concederle la ceremonia de la Sabiduría del Halcón.
- Ve a buscar a tu marido y tráelo aquí. Tu fervor merece una recompensa.
Al cabo de un rato, el matrimonio se presentó en el árbol del profeta y Ape América los recibió con cortesía.
- He aquí que tu esposa ha cometido adulterio innumerables veces promulgando fervientemente el amor entre especies, como el Gran Mono espera que sus fieles hagan. Pero todo tiene un precio y ello viene en forma de regalo no deseado. Dos veces ha venido a mi en busca de ayuda pues teme tu ira que aunque justa, podría privar al resto de seguidores de la senda de tan piadosa hermana y eso, mi querido imberbe, no puedo consentilo en nombre de Él y su infinita sabiduría.- Se detuvo unos momentos a observar cómo furioso marido luchaba contra el deseo de moler a palos a su esposa por adúltera, pero también percibió que estaba compungido por tales pensamientos en contra de los deseos de Él. - Pero no sufras porque Él, en su infinita sabiduría, nos entregó el don de la Sabiduría del Halcón y tú tendrás el honor de llevar a cabo el ritual en su nombre y convertirte en el instrumento de su voluntad. Sea así, golpea a tu esposa en el vientre y deja que tu puño sea guiado por Él.
El muchacho aceptó estas palabras con una mezcla de sorpresa y éxtasis religioso y mientras Ape América sostenía a la muchacha, la golpeó brutalmente en el estómago hasta que la primera sangre cayó de su entrepierna. La voluntad de él se había cumplido y el matrimonio se había salvado.
Agradecidos, le besaron las manos y se sumieron en lágrimas de felicidad. Se marcharon a su casa pensando en las palabras del Gran Simio y en su gran suerte, pues habían sido los primeros en recibir el sacramento de la Sabiduría del Halcón: El Falcon Punch.