Archivo de Octubre de 2008

Sweet Home Alabama

Viernes, 31 de Octubre de 2008

James se escondió detrás de unas rocas para recuperar el aliento. Había tenido que dejar a todos sus compañeros atrás. No le había hecho gracia tomar esa decisión, pero sabía que no tenía elección. Había dejado atrás a la que iba a ser su futura mujer en estado de buena esperanza y eso era lo importante en aquel momento. Si quería volver a tener una vida normal, la supervivencia estaba por encima de todo.

Oyó pasos y un disparo. Le perseguían desde hacía alrededor de veinticinco minutos y parecía que no se iban a cansar nunca, los muy hijos de puta. Habían confundido algún animal del bosque con él y le habían disparado. Bien, ahora sabía más o menos por donde estaban. Ya un poco más repuesto siguió corriendo. No disponía de ninguna arma para devolver el fuego y de todos modos, contra más peso llevara, más le costaría huir.

Ahora llevaba como unos minutos de ventaja y la frontera no podía estar ya muy lejos. Desde allí ya solo necesitaba llegar a una población cercana y estaría a salvo de aquellos malditos salvajes fanáticos. Al fin y al cabo, aquellos cabrones no tendrían suficientes cojones como para perseguirlo hasta allí.

Llegó a la carretera y vio el cartel que indicaba el cambio de tierras. Se encontró con que el bosque terminaba allí y empezaba una gran explanada de verdes praderas y las luces de un pueblecito a lo lejos. Maldijo para sí mismo. Tendría que cruzar sin posibilidad de esconderse y no parar hasta llegar al lugar. Aquellos cabrones lo iban a coser a tiros si no era lo suficientemente rápido.

Detrás de él estaban el que iba a convertirse en su futuro suegro, sus siete hijos y sus sobrinos, los cincuenta y seis. Más atrás, en el altar de una iglesia de pueblo y con un embarazo de tres meses, la chica a la que no conocía de nada y con la que se había acostado una noche de alcohol, cocaína y descontrol. Se lo había jugado todo a una. Ahora ya solo quedaba rezar y correr.

Dedicado a mis incondicionales

Jueves, 30 de Octubre de 2008

Sir Ancelar jadeaba, al borde de la inconsciencia. La batalla contra el dragón había sido terrible: todos sus compañeros habían perecido en el combate. Thomeus el mago, Garrok el paladín enano, incluso el elusivo Jack Ratero. Todos muertos, abrasados por el ardiente fuego de ese maldito dragón. Solo él se había librado de la muerte gracias a su escudo mágico, y aun así no había logrado segarle la vida a ese lagarto del averno. Todo su grupo había sido aniquilado y él había escapado como un perro. Se engañaba a sí mismo diciendo que había sido para salvar la vida de Jaah Zin’torl, el joven esclavo que habían rescatado de las catacumbas. Pero no era la realidad. La realidad es que había huido cobardemente para vivir su miserable vida unos pocos años más.

Los dos avanzaban a trompicones por las laberínticas cuevas mientras oían los rugidos del dragón retumbando desde todas las direcciones. Sir Ancelar había recibido terribles quemaduras en su pierna y brazo derechos y solo podía andar con la ayuda del pequeño nativo, que había decidido aferrarse a su salvador hasta el final. Commovido por la inocencia del pobre chico, que no sospechaba que pudiera ser tan egoísta en realidad, decidió que debía sacarle de ahí a cualquier precio. Siguieron avanzando sin rumbo, oyendo en todo momento como ese enorme bastardo escamoso les acechaba como un gato que juega con un ratón antes de asestarle el golpe final.

Afortunadamente para ellos, pronto vieron literalmente la luz al final del tunel. Los pasos de Jaah fueron certeros y pronto la caverna se empezó a iluminar con los reflejos de los primeros rayos de sol. Justo cuando cruzaban el umbral de la cueva y se dirigían al endeble puente de madera que les separaba de la libertad, oyeron como retumbaba la voz del dragón a sus espaldas, más fuerte que nunca, y si se hubieran girado hubieran tenido oportunidad de verlo en todo su esplendor, furioso por ver como sus presas estaban a punto de lograr escapar. Sintiendo el peligro en sus nucas, Jaah Zin’torl y Sir Ancelar se dieron prisa y se dispusieron a cruzar, conscientes que el dragón era demasiado pesado y no tenía alas, y no les podría seguir al otro lado.

El puente era demasiado estrecho, así que Jaah pasó delante y Ancelar avanzaba a rancas sacando fuerzas de flaqueza de sus maltrechas extremidades diestras. Cruzaban deprisa, sin preocuparse por si el puente se iba a hundir bajo sus pies. Estaban desesperados y eran conscientes que necesitaban arriesgarse. Oían como los tablones crujían bajo sus pies, y avanzaban con la vista fija al frente, rezando para que esas maltrechas maderas pudieran sostenerlos el tiempo suficiente para cruzar.

Cuando Jaah ya había cruzado al otro lado, Ancelar tenía todavía unos 10 metros por delante y el puente todavía aguantaba, aun con los constantes crujidos. Resignado ante esa situación, el dragón rugió con todas sus fuerzas, consciente que sus presas habían escapado. Lleno de ira, escupió un chorro de fuego hacia sus víctimas. Estaban demasiado lejos como para que el fuego les alcanzaran, pero fue suficiente como para que la seca cuerda que mantenía el puente unido al lado de la cueva prendera como la yesca y el puente se soltara por un lado. Sir Ancelar tuvo reflejos felinos y logró agarrarse al puente, quedando suspendido a menos de 10 metros de la ladera, por encima de un gigantesco foso de lodo marrón burbujeante.

Incapaz de trepar por sí mismo debido a sus heridas, Sir Ancelar se resignó a morir y le gritó a Jaah que se marchara y lo dejara ahí. Al borde de la muerte, tenía que recuperar su honor de caballero como fuera. Pero el joven nativo no entendía su idioma, y ya había decidido aferrarse a su salvador hasta el último momento. Jaah se puso en cuclillas, con las manos agarrando fuertemente las toscas cuerdas del puente y echándose para atrás, enrojeciendo y conteniendo la respiración. No lograba que el puente cediera lo más mínimo. Ancelar estaba commocionado. Por qué el chico seguía intentando salvar a un cobarde como él? Debería sotarse para poder salvar la vida del chico, pero su mano no se soltaba. Tenía demasiado miedo a la muerte como para soltarse, incluso si eso significara una muerte heroica que le haría recuperar el honor perdido. Por qué el chico seguía intentando salvar a un cobarde como él? En un vano intento de conseguir pesar un poco menos, con la mano derecha soltó las piezas de la armadura que pudo para facilitarle el trabajo al chico. Logró su efecto: el chico consiguió subirlo un poco. Jaah Zin’Torl estaba completamente rojo por el erfuerzo, todos sus músculos tensados mientras tiraba de su héroe. Tiraba y tiraba, y Ancelar consiguió subir uno o dos metros. Sin embargo, tras unos pocos segundos de esfuerzo sus fuerzas cedieron y el peso de Sir Ancelar le precipitó hacia adelante, catapultándolo al interior del asqueroso foso de espeso lodo burbujeante. El caballero gritó su nombre con lágrimas en los ojos mientras veía como el joven nativo luchaba sin éxito por salir de ese viscoso mar marrón, hundiéndose cada vez más y entonces…

Jacinto despertó sobresaltado. No pudo evitar detectar un cierto olor a mierda en el aire.

- Me cago en Dios, no me digas que me he vuelto a cagar encima - exclamó, con voz ronca.

Un gentelmán

Lunes, 27 de Octubre de 2008

Las breves aventuras de Víctor el mullet

Miércoles, 22 de Octubre de 2008

Dibujo a boli I

En caso de no querer perder los ojos, click to enlarge.

Y con esta puta mierda pinchada en un palo, inauguro la temporada de dibujos a boli hechos con la churra!

No se puede jugar con…

Lunes, 20 de Octubre de 2008

El 17 de septiembre de 2304 la comunidad científica clamaba a los cuatro vientos su último gran descubrimiento. Eran conscientes que nerfear el alcohol, como ellos lo llamaban, iba a tener un gran impacto en la sociedad y estaban particularmente orgullosos de ello. Era un hito revolucionario: ya nunca más se encontrarían jóvenes borrachos vomitando por la calle a media tarde ni tendrían que preocuparse por que se llenen las UVIs del mundo de comas etílicos la noche de fin de año. El nerf que estaban a punto de aplicarle al alcohol hacía que ya no produjera todos los efectos nocivos para la salud: disminución de la capacidad de reacción, vómitos, coma, deterioro del hígado a largo plazo… todo ello, reteniendo las ventajas de su ingestión: euforia, mejora de la capacidad de relación… Todo fue posible gracias al descubrimiento de una reacción en cadena que podía alterar permanentemente la estructura del alcohol.

Sin embargo, cuando el 12 de octubre de ese mismo año se inició la reacción en cadena que tan bien había funcionado en el laboratorio comenzó la catástrofe. En 10 horas la población del mundo se redujo a la mitad, y al final de la semana siguiente solo quedaban 20.000 habitantes, todos entre 15 y 35 años. La reacción en cadena produjo un efecto secundario inesperado sobre la estructura atómica del carbono y la gente que resultaba afectada moría en cuestión de horas. Nadie sabía como actuar, pero lo que estaba claro es que si bien los supervivientes resultaron ser un poco más resistentes a la plaga, no había espenza alguna para la raza humana si los recién nacidos morían al instante.

Extrañamente, la mayoría de los científicos que habían llevado a cabo el experimento sobrevivió, pero casi todos ellos se suicidaron al no poder soportar el peso de la culpa. Los que sintieron que era su responsabilidad vivir con ello se llevaban las manos a la cabeza y se culpaban por su cabezonería. En su momento se habían reído mucho al leer el ensayo escrito por su colega Roger “Punky pequeño” Márquez en 2003. El pobre Roger murió unos 10 años más tarde de publicar el ensayo, víctima de una enfermedad degenerativa que se descubriría en 2009 llamada “punkémia”. Como cuando escribió el ensayo presumiblemente Roger ya estaba infectado con el patógeno, y la comunidad científica se tomó el ensayo a risa. Ahora solo podían leer el ensayo y llorar. Llorar para tratar de olvidar que habían traspasado la línea. Desde tiempos ancestrales, la humanidad ha jugado con cosas. Jugaron con fuego en la prehistoria, jugaron con la energía nuclear durante el siglo XX, jugaron con la genética hasta alargar la esperanza de vida a más de 200 años durante el siglo XXII y ahora… ahora habían traspasado la línea.

El ensayo de Roger de 2003 empezaba con estas palabras.

“No juguéis kon el alkohol, hijos de PUTA”

Microrrelato (XXI)

Viernes, 17 de Octubre de 2008

Con el cambio de siglo ya nada fue lo mismo. Mis pajas dolían, mis dientes chirriaban, el pequeño Boby murió y las facturas se acumulaban en mi buzón. Por todo eso niños, otras pequeñas cosas y el glicol los dinosaurios tuvieron que mudarse a Arkansas.

Microrrelato (XX)

Martes, 14 de Octubre de 2008

Natalie llevaba unas tres semanas follándose a Clément. Lo hacían casi cada día, en su casa, aprovechando las largas ausencias de su marido. Hasta que ese día pasó lo inevitable: el marido les pilló in fraganti. “Tienes la cara de ponerme los cuernos, en nuestra misma cama… y encima con una mujer, hijo de la gran puta?” exclamó, rojo de ira.

Microrrelato (XIX)

Lunes, 13 de Octubre de 2008

El Cabo PartyHard asumió la muerte de Wolfram ante la Teniente Jacky Duba-Duba. Los terribles tigres-sandwich incrementaban sus ataques durante el verano, pero de todas formas la mayor parte de bajas provenía del fuego cruzado de morteros. Todo era culpa de las mujeres. Nada tenía sentido por aquel entonces en la Base KTHXBYTE.

Microrelato (XVIII)

Lunes, 13 de Octubre de 2008

Augusto Gutiérrez se compró un mono en Guatemala. Le llamó Martín y le enseñó a leer, a escribir y a superar sus limitaciones. Un buen día, al llegar a casa, Augusto se la encontró vacía, sin muebles, sin televisor y sin su mujer; y con esta nota pegada en la pared:

Supera ésto, hijo de puta.

Martín.

Microrrelato (XVII)

Lunes, 13 de Octubre de 2008

Cuando el camarada Yang cayó a su lado con un balazo en la frente, Fu Yen se dio cuenta que estaba tirando su vida a la basura. Por eso desertó, volvió andando a la Hanoi que le vio nacer y se immoló contra la embajada norteamericana.