Archivo de Diciembre de 2008

Madrid 2028 (2)

Sábado, 27 de Diciembre de 2008

Por si es necesario aclararlo, en el título de este post hay un (2) porque es una segunda parte. Sería muy cómodo para los lectores que el autor pusiera un enlace directo a la primera parte, pero éste confía en la inteligencia de los seguidores de este blog y en que sabrán utilizar la maravillosa herramienta de búsqueda del mismo. Puede que descubran otras historias maravillosas e incluso que aumenten nuestro ranking en google!

El equipo de rescate entraró a la biblioteca a las ocho de la mañana. Era tal y como les habían dicho por radio, García y sus tres subordinados estaban muertos, sin duda víctimas de un asalto sorpresa. Como se temían, encontraron también el cuerpo de Gabriel Romero, en un estado horrible. Tenía las marcas en el cuello que sin duda le habían causado la muerte y su cuerpo parecía más delgado debido a la pérdida de sangre, pero lo que más llamaba la atención era cómo se habían ensañado con él después de matarlo. Tenía horribles heridas de bala por todo el cuerpo, pero lo más asqueroso era que su cara no estaba. Le habían arrancado los ojos y todos los músculos faciales, pero por la altura y la ropa se trataba sin duda del doctor Gabriel. El equipo de rescate se llevó los cinco cuerpos, con la esperanza que Jade Monterrey siguiera viva en alguna parte. No se dieron cuenta de la musculosa silueta que les espiaba entre las sombras de las vigas, desnuda y con la boca manchada de sangre.

Extraoficialmente, ese 12 de abril de 2028 el gobierno de España perdía toda esperanza de salir de la crisis. Todas las comunicaciones con el ministerio del Interior eran siempre positivas, y cuando se comunicó la voluntad del presidente de advertir a las naciones vecinas del peligro que suponía esa plaga, el mensaje se transmitió casi de inmediato. Sin embargo, nunca llegó respuesta ni de Francia, ni de Portugal ni de Marruecos. Probablemente nadie se lo tomaba demasiado en serio. Solo los chicos del laboratorio de Alcalá de Henares, aunque desolados por la muerte de su jefe y máximo investigador, siguieron buscando para encontrar cualquier pista del paradero de Jade Monterrey, la ayudante de Gabriel, la última persona que había estado con él y probablemente la única esperanza de sobrevivir a esta crisis.

E irónicamente, no podían estar más equivocados.

Una persona sensata habría pensado que la única esperanza a la plaga era la milicia popular tolosana. En los 8 años de historia de este ejército de poco más de 40 voluntarios, ninguno de los ejércitos del mundo había sido capaz de causarle una sola baja. Se formó poco después de la disolución oficial de la ONU, cuando Hans Kreuger fundó el IV reich y decidió recuperar el territorio que por derecho le correspondía (Francia). Como era de esperar, el ejército francés se rindió tras las primeras batallas perdidas. Mientras el ejército alemán marchaba triunfalmente hacia el sur, un grupo de inconformistas ciudadanos hijos de Tolouse hicieron un pacto con la industria armamentística y aeronáutica y lograron formar un frente irreductible al que llamaron “Neogalia”. Francia se reducía a las murallas de la ciudad de Tolosa, pero con tiempo y tecnología la milicia popular consiguió hacer retroceder al ejército de Kreuger hasta las antiguas fronteras francesas. Con este fracaso, el Führer se voló los sesos, dejando paso a un tembloroso Kanzler partidario de la paz y de la democracia. La milicia popular tolosana, sin duda, era en lo que una persona sensata pensaría para poner fin a esa crisis. Y Jade era, por supuesto, una mujer muy sensata.

Había pasado casi un mes desde ese 12 de abril de 2028 glorioso, y Jade se paseaba por los pasillos vacíos del ministerio del Interior. Ya llevaban cosa de un mes y medio en ese estado, vacíos, aunque por supuesto nadie aparte de ella se había dado cuenta. Ella era la responsable que el presidente pensara que se hacía todo lo que se podía, y que los países vecinos nunca se llegaran a enterar del peligro que suponía la plaga hasta que fuera demasiado tarde. Si conseguía mantener el engaño el suficiente tiempo, ni siquiera esos bastardos franceses podrían pararle a Él. Su vida había cambiado el día en que ese gordo hijo de puta de Jorge invocó “en broma” a Axxariel, un demonio menor de los círculos inferiores. De los cinco asistentes al ritual, Él elegió a Jade, le dio la plaga como herramienta y le encomendó matar a seis mil seiscientas sesenta y seis veces seis mil seiscientas sesenta y seis personas para preparar su venida. En el último mes, la plaga se había extendido a las comunidades autónomas circundantes, y al ritmo que iba la invasión, el infierno estaría en la tierra antes que los países vecinos se enteraran.

A su espalda, algo hizo que Jade se sobresaltara. Era un sonido de cristales rompiéndose. Se giró y lo que vio la dejó pálida. Era una figura humanoide completamente mecánica de un color azulado, aterrizando suavemente al suelo del pasillo. Jade gritó de rabia con los colmillos fuera y corrió hacia la figura con la velocidad de un lobo. Con toda la carrerilla, golpeó a la figura metálica con un puñetazo, y gritó de dolor cuando todos los huesos de su mano se rompieron. La figura no se movió ni un centímetro, hasta que decidió contraatacar. Simplemente flexionó el brazo y le golpeó la mandíbula, rompiéndole el pómulo y el cuello y lanzándola por los aires unos veinte metros. Jade cayó pesadamente al suelo, mirando hacia su espalda.

Sin embargo, dos segundos después se levantó, con todas las heridas curadas. No sabía qué hacía allí ese cabrón de la milicia tolosana, pero por muy poderoso que fuera solo era una persona corriente metida en un supertraje, y ella tenía a su favor su immortalidad. Ajeno a estos pensamientos, el soldado mecanizado extendió un brazo apuntándola con el dedo índice y un silbido surcó el aire. Jade notó un pinchazo en el estómago, seguido de un dolor desgarrador que la quemaba por dentro. Cayó al suelo ahogada por el dolor y observó el vapor rojo saliendo de la herida de bala de su vientre. Sin llegar a comprender cómo todo se había torcido de esa manera, murió entre terribles esertores.

Desde el tejado de una iglesia, Gabriel Romero contemplaba como el soldado de la milicia popular tolosana hacía su trabajo. Había fingido su muerte utilizando uno de los cadáveres de vampiros, había continuado la investigación hasta descubrir una manera de diferenciar a los vampiros de las personas normales mediante un visor electrónico y había informado personalmente a Tolouse para informarle con sus avances el día anterior. Observaba como el soldado se desplazaba como un cohete disparando inequívocamente a los vampiros y como estos morían horriblemente. Cuando el soldado acabó de despejar la zona, se fue hacia otro sitio. “Vaya,” pensó Gabriel “por muy guapo que sea el supertraje, dentro no deja de haber un francés”. Sacó su pistola de 10mm aún cargada con las balas santas que él mismo había fabricado en el laboratorio y de la puso en la sien. Él sabía mejor que nadie que no había vuelta atrás, pero aun así no podía dejar de sentirse satisfecho. Quitó el seguro y…

Jacinto abrió los ojos en su estrecha cama de estudiante. Había soñado como le disparaban a la barriga y le dolía muchísimo, pero ahora que había abierto los ojos el dolor continuaba. Suerte que esta vez se había despertado a tiempo. A trompicones y en la penumbra, fue hacia el lavabo, se bajó los gallumbos y se sentó en la taza. Apretó con fuerza y una sensación de paz le invadió mientras descargaba sus intestinos. Sin embargo, contra toda ley de la física, el truño no caía dentro del lavabo sino que se le pegaba a las nalgas y trataba de escalarle hacia la cintura como si fuera un caracol. Jacinto, extrañado por este suceso, se incorporó.

Y despertó, esta vez de verdad. Enfadado pero sereno, decidió dar media vuelta e intentar sintonizar con el primer sueño para ver como acababa. Ya no le importaba nada, ni siquiera ese apestoso hedor de la más pura y apetitosa MIERDA.

NOTA DEL AUTOR: este final es un gag recurrente, para más información pueden intentar leer todos los artículos de Lou Bega, y ya que están, todos los de los demás autores que también hacen lo que pueden. El autor también se ve en la obligación de decir que si a alguien no le gusta el final o no le parece adecuado el abuso que se hace del chiste “Manolo, despiértate que te estás cagando”, puede irse a eso, a cagar.

Objetivos para 2009

Domingo, 21 de Diciembre de 2008

Antes, la gente siempre se metía con Fred por cosas como su pinta desaliñada, no saber mezclar los colores al vestir, su pelo de oso en pecho, o incluso por no afeitarse ni aquella vez que sus amigos decidieron invitarle a una Fanta si lo hacia. En definitiva, por parecer uno de esos mendigos de Barcelona que duermen en los cajeros automáticos del Raval cuando hace frío.

Pero para el 2009 se había propuesto cambiar. Ya quedaba menos de un mes y ahora era un tipo que vestía con clase, todos los días salía de casa afeitado, se había depilado el pecho e incluso usaba colonia y se quitaba algunos pelos del entrecejo.

El pasado viernes Fred estaba bailando en una discoteca con sus amigos cuando, de repente y sin saber cómo, se dio cuenta de que un atractivo tipo bastante alto tenía una mano acariciándole el pecho dentro de su camisa medioabierta y la otra en su culo, y le había colado una de sus piernas entre las suyas mientras frotaba unas contra otras.

Era una lástima que Fred ya no pudiera cumplir el objetivo que se había propuesto para el 2009 porque se iba a pasar los próximos quince años en el trullo como consecuencia de haber matado con una botella rota de Coronita a aquel atractivo tipo bastante alto por haberle metido mano.

Nanocuento (II)

Sábado, 20 de Diciembre de 2008

La liebre acabó perdiendo la carrera por subnormal

Microescena (1)

Viernes, 19 de Diciembre de 2008

- Huesos, este tío tiene algo… raro en la pierna no?
- Booth, es mi trabajo, veo cadáveres a diario y sé al 100% que esta pierna es perfectamente nor… uy, que le pasa a esta pierna?
- Lo ves? Siempre es igual! Nunca me haces caso, y sabes de sobras que a veces, de hecho muchas veces, tengo razón pero aun así…
- No está.
- Como?
- Su fémur, no está. Alguien se lo ha quitado. Tenemos que encontrar ese fémur, puede contener información muy valiosa.

Pasaron 45 minutos hasta que a un miembro del equipo se le ocurrió inspeccionar el recto del cadáver.

Microrrelato (XXIX)

Jueves, 18 de Diciembre de 2008

Julian dio grácias por haber hecho el cursillo de contorsionismo con aquél chino cuando el marido de su amante miró en todas partes menos en el cajón de la ropa interior.

El monstruo del 616

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

- Y lo último que me dijo fue: “Supones cosas maravillosas McDermott, pero sigues teniendo la polla pequeña”.

- Vaya puta mierda de historia de amor papá - contestó el pequeño Mortimer.

- Calla hijo que tu madre fue peor que la puta ésta de Kensington - le replicó airado Robert y añadió - ¡y recuerda que quería llamarte Xanadú!

- El próximo día cuéntame como intentaste secuestrar a Olivia Newton John para que fuera tu esposa, esa si es una bonita historia.

- Joder Mortimer como te va la casquería, al fin y al cabo eres mi pequeño - comentó el señor McDermott

NanoCuento (I)

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

La Ratita Presumida era una zorra que murió por aspirar a demasiado.

Los espaguetis de Eliakim

Miércoles, 17 de Diciembre de 2008

Eliakim nunca pensó que esto se le pudiera haber ido de las manos de tal manera. Todo empezó aquella tarde cuando, después de haber bebido varias copas de coñac mientras jugaba al remigio en aquel bar donde solo servían mierda, oyó en la televisión que el gobierno de Kansas había aprobado una nueva ley por la que se obligaba a enseñar el creacionismo además de la teoría de la evolución natural de las especias.

Se acordó de los nueve años que ya llevaba estudiando Biología en aquella facultad de mierda llena de negros sectarios y de mejicanos homosexuales. Solo le faltaba eso, se acordó del último cambio de plan de estudios que le había cogido siete años atrás y vomitó todo el coñac de su estómago sobre la mesa. Ahora todo era negro. Aquella especie de aceite de coche requemado que había salido de su boca había pringado las cartas y a dos de sus tres compañeros. Incluso su camiseta de dos koalas teniendo sexo había quedado jodidamente negra.

A partir de ahí todo transcurrió muy rápido: antes de que se diera cuenta, uno de sus compañeros le soltó un puñezato en el vientre y el otro le lanzó la mesa encima. Un negro pasó por su lado y le escupió encima, luego dos mejicanos se masturbaron compulsivamente sobre su cuerpo retorcido y su boca sedienta de oxígeno. El resto de maricones del bar se limitó a echar alguna ojeada y luego Eliakim perdió el conocimiento.

Despertó ya de noche al lado de los contenedores de basura del bar. Tenía hambre y rebuscó las sobras de la mierda del bar en uno de los contenedores. En un par de minutos encontró un puñado de espaguetis mohosos; realmente le dio asco, pero pensó que no podía ser peor que aquella vez que se había despertado en la residencia de estudiantes con la polla de un mejicano en la boca. El regusto del coñac le volvió a arder en la garganta y vomitó de nuevo. Mejor que se comiera aquellos espaguetis apestosos antes de que el estómago saliera por la boca; se los acercó a la boca y entonces hablaron. Joder. Se puso el puño lleno de espaguetis a la altura de los ojos y le volvieron a hablar. “¡No lo hagas, mesías!”, Aquellos espaguetis se movían a la vez que hablaban, e incluso le pareció ver un par de puntos brillantes, cuales ojos.

Eliakim siempre fumaba caballo antes de un examen, pero esto era demasiado, esto se salía de la raya. Ni siquiera aquella vez que esnifó tres rayas de cocaína en el escote de un mejicano transvestido había tenido tales alucinaciones. Decidió darle una oportunidad a aquella bola mohosa, que tras quince minutos de conversación lo convenció de adoptarla tras prometerle que conseguiría que ningún otro negro le mirara por encima del hombro.

Casi una hora más tarde, Eliakim entró en la habitación que compartía con dos sucios mejicanos. Le escupió al que había en la parte de abajo de su litera mientras se acordaba del desagradable sabor de su entrepierna; luego tiró la bola de espaguetis sobre su cara y se puso a dormir en la cama de arriba.

Cuando despertó por la mañana y saltó de la cama, vio que en el lugar del mejicano tan solo había la misma bola de espaguetis del día anterior. Eliakim habría jurado que aquella masa de pasta había doblado su tamaño. “Me he comido al de la piel sucia.”, le dijo la bola de pasta, que entonces saltó de la cama y, de dos saltos más, se colocó sobre el otro mejicano que tan mal le caía a Eliakim. Todos le caían igual de gordos. Entonces presenció como la masa de espaguetis metía sus propios espaguetis por las vías respiratorías de aquel ser despreciable, el cuerpo se convulsionó durante varios minutos mientras él, observando la escena, se frotaba el pene a través de los calzoncillos. Unos minutos más tarde, aquel monstruo empezó a despedazar el cadáver mientras hacía un ruido que le recordó a Eliakim aquella vez que le había comido el coño a una prostituta cincuentona, esto se la puso dura del todo y entonces se la sacó y se masturbó hasta correrse dando bocanadas de aire. Un par de horas más tarde ya no había mejicano, y la bola de espaguetis había vuelto a crecer.

A partir de ahí, es cuando todo empezó a ir mucho más rápido. Se bebió la media botella de vodka que le quedaba en la habitación y se llevó a su nuevo amigo a aquel bar donde solo servían mierda. Esa parte no la recordaba demasiado bien, hubo gritos y cristales rotos e incluso un grupo de unos pocos mejicanos que se empezaron a chupar las pollas unos a otros, que es lo último que hicieron antes de que la bola de pasta se los comiera. Cuando todo eso había acabado, la bola de espaguetis, que ahora era tan grande como él, se le acercó y le volvió a dedir que ninguno más de aquellos apestosos humanos mugrientos le volverían a molestar. Salieron del bar y la bola de espaguetis empezó a comerse a los negros y mejicanos de tres en tres, luego de cinco en cinco, y cada vez más a medida que crecía.

Cuatro horas más tarde y muchos periodistas indigestos después, una bola de espaguetis de treinta metros de diámetro con un borracho encima sobrevolaba el campus universitario, ahora desierto. En otras doce horas, al anochecer, Eliakim, que ahora volaba sobre una masa de espaguetis de setenta kilómetros de diámetro con apéndices treinta veces más largos, se había proclamado soberano del estado de Kansas después de que su bola de pasta se comiera a todas las personas que no fueran mujeres blancas sin obesidad mórbida.

Cuando Eliakim se despertó al día siguiente, su bola de espaguetis, o sea él, ya controlaba todo el territorio de Estados Unidos menos California. A su masa de pasta se le hacía realmente difícil comerse a aquellos gordos con camisas de flores que había en California, pero solo era cuestión de tiempo.

Joder, definitivamente todo aquello se le había ido de las manos. Se había cargado a decenas de millones de personas y ahora todas las mujeres blancas sin obesidad mórbida, que eran las únicas supervivientes, le llamaban “El Pastafari”. Se le había ido de las manos, de repente era el único hombre de aquel sucio país y además era su soberano. Sí, se le había ido de las manos y le encantaba. Eliakim sabía que nunca más tendría que pagar por follar ni volver a despertar con la polla de un mejicano en la boca gracias a aquel monstruo de espaguetis volador.

Entonces Eliakim se despertó y volvió a sentir en su boca el gusto de la polla del mejicano que dormía en la cama de abajo.

Microrrelato (XXVIII bis)

Martes, 16 de Diciembre de 2008

Con un muñón sangriento en lugar de pie, y una pared de hormigón con un rasguño, José Miguel pudo afirmar que si la fuerza no funciona, es porque no se está usando la suficiente.

Microrrelato (XXVIII)

Martes, 16 de Diciembre de 2008

Fue entonces, cuando tenía los dedos del pie izquierdo rotos, una pared de hormigón totalmente intacta y una lágrima surcándole la mejilla, cuando Jose Miguel entendió por qué la violencia no era siempre la solución a todo.